10/3/16

Carta del Superior General para el 14 de marzo, nacimiento del P León Dehon




El otro, huella de misericordia




Familia Dehoniana en el III Encuentro de “Laicos y Religiosos en Misión Compartida”








El III Encuentro de “Laicos y Religiosos en Misión Compartida” ha reunido el sábado 5 de marzo en Madrid a 681 personas, en representación de unas 115 congregaciones. La mayoría de los participantes inscritos, 434, éramos laicos. Como en los anteriores encuentros, asistió monseñor Carlos Osoro, Arzobispo de Madrid.

El presidente de CONFER, Luis Ángel de las Heras, (claretiano), en la inauguración de esta jornada, celebrada en el colegio Nuestra Señora del Recuerdo (jesuitas), de Madrid, indicó que “la misión compartida es una realidad de cada día, en la que religiosos y laicos se acompañan mutuamente” y “nos nutrimos de lo cotidiano”.  y laicos se acompañan mutuamente” en los hospitales, escuelas y diversas obras de las congregaciones religiosas. “Nos nutrimos de lo cotidiano”, señaló el presidente de CONFER, Luis Ángel de las Heras, cmf, en la inauguración de esta jornada, que acoge el colegio Nuestra Señora del Recuerdo de Madrid.

El director del Secretariado de Apostolado Seglar de la Conferencia Episcopal, Antonio Cartagena, recordó la necesidad de reconocer en realidades concretas, la “plena edad adulta del laicado”, ya hablado en el Concilio Vaticano II: “reconocer que tienen la misma misión de los sacerdotes y consagrados”.

Quien inició estos encuentros, ahora expresidente de CONFER, Elías Royón, SJ, resaltó que la misión compartida es una realidad que ya se experimenta en bastantes familias religiosas y sobre lo que se está reflexionando mucho en la actualidad,  pero que “es necesario hacerlo entre todos y ayudarnos todos con las experiencias de todos”.

El objetivo de este III Encuentro, para compartir realmente la misión, como ya vieron en los anteriores, es la necesidad de que laicos y religiosos se formen en un mismo carisma y espiritualidad: “El carisma se enriquece al integrar la vivencia laical, creando una comunión eclesial para hacer pleno el anuncio del Evangelio”.

Pues bien, con estas introducciones al Encuentro, participamos en él, 3 religiosos SCJ, entre ellos nuestro Delegado y otros 3 laicos de Madrid, que realizamos las inscripciones aconsejados por él mismo. Si bien estas inscripciones (la suya y nuestras) se realizaron fuera del plazo establecido, en conversaciones telefónicas con CONFER,  fueron posteriormente cumplimentadas y admitidas.

Resultó una jornada muy provechosa para poder conocer los objetivos,  acciones, deficiencias y fortalezas de otras familias religiosas y saber que tenemos mucho en común con quienes realizamos estas tareas de “misión” en nuestro mundo y sociedad actual.

Para una mayor y más amplia información sobre la jornada, nos indicaron se puede obtener en la web, desde la página de CONFER, por lo que os animo a hacerlo, dado que es bueno saber que no estamos solos remando contra corriente, y,  a su vez, que todos participamos como cristianos en dar a conocer al mundo la Buena Noticia, ante tantas otras que hoy nos inundan.

C.P.- Grupo Madrid


23/2/16

Familia Dehoniana:Retiro de Cuaresma en Valencia





El sábado 20 de febrero nos reunimos en Valencia, en los locales de Esic,  la comunidad SCJ y el grupo local de laicos dehonianos, para realizar un retiro de Cuaresma.
No pudieron asistir todos, por diversos motivos.
Es el segundo año que se hace de manera conjunta.

-Tuvimos primero la charla, impartida por Pedro Iglesias Curto, SCJ, con el título: Convertirse a la Misericordia, de la mano de Jonás.
-Después la Eucaristía. Juntos, alrededor de la mesa, con Jesús.
-Comida conjunta, fraterna y distendida.

Finalizamos con una foto del grupo, aunque en la foto faltaron algunos miembros, que sí habían asistido.
Ha sido un Encuentro muy interesante.










7/2/16

Grupo Madrid: reunión local laicos dehonianos






REPORTE REUNIÓN GRUPO LAICOS MADRID DEL 28-1-2016

 Queridos amigos:

El pasado jueves 28 de enero, finalizamos el tema VII de nuestro Iter Formativo.

I.-  Nos ha sido muy grato sentirnos y sabernos sacerdotes y apóstoles; protagonistas gozosos en la proclamación de la siempre Nueva y Buena Noticia. El territorio, o mejor espacio de los laicos, es el mundo (Índole secular del laicado) y es en ese vasto y siempre muy cercano espacio, donde tenemos que esparcir la Palabra de Dios, acompañada de nuestras acciones.

II.- Aquí  enlazamos, siguiendo nuestro nuestro tema VII, con la lectura del texto del P.Dehon (n.1) y en ella nuestro fundador, nos recuerda que Nuestro Señor Jesucristo, no se contenta con que su amor prevalezca únicamente en nuestra intimidad, sino que desea que sea llevado por nosotros al mundo, a la sociedad, al pueblo (-El Reino Social del Sagrado Corazón-).

         En palabras del padre Dehon:
1.   Haciendo suyas las de san Pablo “Oportet illum regnare” Es preciso que
 Él reine (1 Cor 15,25).
2.   “Porque justamente con la beatitud, el principal fin de la devoción al Sagrado Corazon, es convertir las almas a su amor y hacer del divino corazón, nuestro maestro y nuestro dueño”(Carta 85).
(n.1)  P. Dehon, Estudios sobre el Sagrado Corazón de Jesús .Cap. xv: El Reino del Sagrado Corazón de Jesús: OSP, pp 639-641.


III.- Acompañamos la última parte del tema VII, con cánticos y oraciones,  y celebramos el Texto Introductorio ( Lucas 10, 1-16 ) y la Lectura de la Parábola: El ritmo de la tortuga; ayudados para hacerlo, también aunque no sólo, de manera distendida, de unos carteles, que os adjuntamos.

  Y así con alegría nos despedimos hasta la próxima reunión que será el 11 de febrero.

                         Con cariño para todos, abrazos del grupo de Madrid.










4/2/16

Cuaresma 2016 Dehonianos






...porque en ocasiones ponemos nuestra vida de REBAJAS...
El mes de enero, el inicio del año, es tiempo de REBAJAS. En ellas, lo que antes valía tanto se encuentra al 30%, 40%... auténticos chollos para conseguir algo valioso con menos esfuerzo, al menos económico. Es curioso, porque a todos nos encanta eso, no sólo con la ropa: conseguir algo con el menor esfuerzo, con lo justo, ni más ni menos.
A veces nosotros ponemos también nuestra vida en rebajas, racaneando entrega, limitándonos a lo mínimo en nuestras relaciones, en nuestra manera de actuar y de hablar, viviendo a medio fuelle en muchísimos momentos sin sacar el 100% de cada momento vivido. Rebajamos nuestra vida… y nos rebajamos a nosotros mismos.
...te proponemos PONER EL CORAZÓN AL 100%
La Cuaresma de este año nos invita a acabar con las rebajas, a vivir al 100%, a preparar nuestro corazón a una entrega sin medida, sin medias tintas, sin racaneos: la ENTREGA del mismo Dios. Es momento de poner el corazón al 100%. ¿Cómo? Proponemos, este año, un pequeño itinerario, marcado por las lecturas de los domingos de Cuaresma: vestir la vida de oración, cambiar de estilo de vida, ser consciente de cómo Dios ha actuado en nosotros, volver a la casa del Padre, descubrir el perdón de Dios en nuestra vida. Todo nos conducirá a una semana singular y fundamental… nuestra “semana de oro”, nuestros “8 días de entrega” que va del Domingo de Ramos al Domingo de Resurrección. Sólo así, podremos “estrenar lo nuevo” que nace con la Resurrección de Jesús. Para ello, nada como el lenguaje publicitario: usando el lenguaje de aquellos que nos tratan de meter por los ojos la compra en rebajas, propondremos “contraofertas”: frente a la REBAJA, la ENTREGA.
Este será nuestro modo de dar una vuelta más al lema de 100% Corazón.

http://www.jovenesdehonianos.org/cuaresmaentrega.htm

29/1/16

Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma




TEXTO COMPLETO: Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2016




«'Misericordia quiero y no sacrificio' (Mt 9,13).
Las obras de misericordia en el camino jubilar»



1. María, icono de una Iglesia que evangeliza porque es evangelizada

En la Bula de convocación del Jubileo invité a que «la Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios» (Misericordiae vultus, 17). Con la invitación a escuchar la Palabra de Dios y a participar en la iniciativa «24 horas para el Señor» quise hacer hincapié en la primacía de la escucha orante de la Palabra, especialmente de la palabra profética. La misericordia de Dios, en efecto, es un anuncio al mundo: pero cada cristiano está llamado a experimentar en primera persona ese anuncio. Por eso, en el tiempo de la Cuaresma enviaré a los Misioneros de la Misericordia, a fin de que sean para todos un signo concreto de la cercanía y del perdón de Dios.

María, después de haber acogido la Buena Noticia que le dirige el arcángel Gabriel, María canta proféticamente en el Magnificat la misericordia con la que Dios la ha elegido. La Virgen de Nazaret, prometida con José, se convierte así en el icono perfecto de la Iglesia que evangeliza, porque fue y sigue siendo evangelizada por obra del Espíritu Santo, que hizo fecundo su vientre virginal. En la tradición profética, en su etimología, la misericordia está estrechamente vinculada, precisamente con las entrañas maternas (rahamim) y con una bondad generosa, fiel y compasiva (hesed) que se tiene en el seno de las relaciones conyugales y parentales.


2. La alianza de Dios con los hombres: una historia de misericordia

El misterio de la misericordia divina se revela a lo largo de la historia de la alianza entre Dios y su pueblo Israel. Dios, en efecto, se muestra siempre rico en misericordia, dispuesto a derramar en su pueblo, en cada circunstancia, una ternura y una compasión visceral, especialmente en los momentos más dramáticos, cuando la infidelidad rompe el vínculo del Pacto y es preciso ratificar la alianza de modo más estable en la justicia y la verdad. Aquí estamos frente a un auténtico drama de amor, en el cual Dios desempña el papel de padre y de marido traicionado, mientras que Israel el de hijo/hija y el de esposa infiel. Son justamente las imágenes familiares —como en el caso de Oseas (cf. Os 1-2)— las que expresan hasta qué punto Dios desea unirse a su pueblo.

Este drama de amor alcanza su culmen en el Hijo hecho hombre. En él Dios derrama su ilimitada misericordia hasta tal punto que hace de él la «Misericordia encarnada» (Misericordiae vultus, 8). En efecto, como hombre, Jesús de Nazaret es hijo de Israel a todos los efectos. Y lo es hasta tal punto que encarna la escucha perfecta de Dios que el Shemà requiere a todo judío, y que todavía hoy es el corazón de la alianza de Dios con Israel: «Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas» (Dt 6,4-5). El Hijo de Dios es el Esposo que hace cualquier cosa por ganarse el amor de su Esposa, con quien está unido con un amor incondicional, que se hace visible en las nupcias eternas con ella.

Es éste el corazón del kerygma apostólico, en el cual la misericordia divina ocupa un lugar central y fundamental. Es «la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado» (Exh. ap. Evangelii gaudium, 36), el primer anuncio que «siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis» (ibíd., 164). La Misericordia entonces «expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreciéndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer» (Misericordiae vultus, 21), 
restableciendo de ese modo la relación con él. Y, en Jesús crucificado, Dios quiere alcanzar al pecador incluso en su lejanía más extrema, justamente allí donde se perdió y se alejó de Él. Y esto lo hace con la esperanza de poder así, finalmente, enternecer el corazón endurecido de su Esposa.


3. Las obras de misericordia

La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia. Es siempre un milagro el que la misericordia divina se irradie en la vida de cada uno de nosotros, impulsándonos a amar al prójimo y animándonos a vivir lo que la tradición de la Iglesia llama las obras de misericordia corporales y espirituales. Ellas nos recuerdan que nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu, y sobre los que seremos juzgados: nutrirlo, visitarlo, consolarlo y educarlo. 

Por eso, expresé mi deseo de que «el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina» (ibíd., 15). En el pobre, en efecto, la carne de Cristo «se hace de nuevo visible como cuerpo martirizado, llagado, flagelado, desnutrido, en fuga... para que nosotros lo reconozcamos, lo toquemos y lo asistamos con cuidado» (ibíd.). Misterio inaudito y escandaloso la continuación en la historia del sufrimiento del Cordero Inocente, zarza ardiente de amor gratuito ante el cual, como Moisés, sólo podemos quitarnos las sandalias (cf. Ex 3,5); más aún cuando el pobre es el hermano o la hermana en Cristo que sufren a causa de su fe.

Ante este amor fuerte como la muerte (cf. Ct 8,6), el pobre más miserable es quien no acepta reconocerse como tal. Cree que es rico, pero en realidad es el más pobre de los pobres. Esto es así porque es esclavo del pecado, que lo empuja a utilizar la riqueza y el poder no para servir a Dios y a los demás, sino parar sofocar dentro de sí la íntima convicción de que tampoco él es más que un pobre mendigo. Y cuanto mayor es el poder y la riqueza a su disposición, tanto mayor puede llegar a ser este engañoso ofuscamiento. Llega hasta tal punto que ni siquiera ve al pobre Lázaro, que mendiga a la puerta de su casa (cf. Lc 16,20-21), y que es figura de Cristo que en los pobres mendiga nuestra conversión. Lázaro es la posibilidad de conversión que Dios nos ofrece y que quizá no vemos. Y este ofuscamiento va acompañado de un soberbio delirio de omnipotencia, en el cual resuena siniestramente el demoníaco «seréis como Dios» (Gn 3,5) que es la raíz de todo pecado. 

Ese delirio también puede asumir formas sociales y políticas, como han mostrado los totalitarismos del siglo XX, y como muestran hoy las ideologías del pensamiento único y de la tecnociencia, que pretenden hacer que Dios sea irrelevante y que el hombre se reduzca a una masa para utilizar. Y actualmente también pueden mostrarlo las estructuras de pecado vinculadas a un modelo falso de desarrollo, basado en la idolatría del dinero, como consecuencia del cual las personas y las sociedades más ricas se vuelven indiferentes al destino de los pobres, a quienes cierran sus puertas, negándose incluso a mirarlos.

La Cuaresma de este Año Jubilar, pues, es para todos un tiempo favorable para salir por fin de nuestra alienación existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia. Mediante las corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados, mientras que las espirituales tocan más directamente nuestra condición de pecadores: aconsejar, enseñar, perdonar, amonestar, rezar. Por tanto, nunca hay que separar las obras corporales de las espirituales. 

Precisamente tocando en el mísero la carne de Jesús crucificado el pecador podrá recibir como don la conciencia de que él mismo es un pobre mendigo. A través de este camino también los «soberbios», los «poderosos» y los «ricos», de los que habla el Magnificat, tienen la posibilidad de darse cuenta de que son inmerecidamente amados por Cristo crucificado, muerto y resucitado por ellos. Sólo en este amor está la respuesta a la sed de felicidad y de amor infinitos que el hombre —engañándose— cree poder colmar con los ídolos del saber, del poder y del poseer. 

Sin embargo, siempre queda el peligro de que, a causa de un cerrarse cada vez más herméticamente a Cristo, que en el pobre sigue llamando a la puerta de su corazón, los soberbios, los ricos y los poderosos acaben por condenarse a sí mismos a caer en el eterno abismo de soledad que es el infierno. He aquí, pues, que resuenan de nuevo para ellos, al igual que para todos nosotros, las lacerantes palabras de Abrahán: «Tienen a Moisés y los Profetas; que los escuchen» (Lc 16,29). Esta escucha activa nos preparará del mejor modo posible para celebrar la victoria definitiva sobre el pecado y sobre la muerte del Esposo ya resucitado, que desea purificar a su Esposa prometida, a la espera de su venida.

No perdamos este tiempo de Cuaresma favorable para la conversión. Lo pedimos por la intercesión materna de la Virgen María, que fue la primera que, frente a la grandeza de la misericordia divina que recibió gratuitamente, confesó su propia pequeñez (cf. Lc 1,48), reconociéndose como la humilde esclava del Señor (cf. Lc 1,38).


Vaticano, 4 de octubre de 2015

Fiesta de San Francisco de Assis

FRANCISCUS


28/1/16

Catequesis Papa Francisco: Estamos llamados a ser mediadores de misericordia






PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 27 de enero de 2016



Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En la Sagrada Escritura, la misericordia de Dios está presente a lo largo de toda la historia del Pueblo de Israel.
Con su misericordia, el Señor acompaña el camino de los patriarcas, a ellos les dona hijos a pesar de su condición de esterilidad, los conduce por caminos de gracia y de reconciliación, como demuestra la historia de José y de sus hermanos (cf. Gén 37-50). Pienso en muchos hermanos que están alejados dentro de una familia y no se hablan. Pero este Año de la Misericordia es una buena ocasión para reencontrarse, abrazarse, perdonarse y olvidar las cosas feas. Pero, como sabemos, en Egipto la vida para el pueblo se hace dura. Y es precisamente cuando los israelitas están por sucumbir que el Señor interviene y obra la salvación.

Se lee en el libro del Éxodo: «Al cabo de muchos años, murió el rey de Egipto. Los hijos de Israel, se quejaban de la esclavitud y clamaron. Sus gritos, desde la esclavitud, subieron a Dios; y Dios escuchó sus quejas y se acordó de su alianza con Abrahán, Isaac y Jacob. Dios se fijó en los hijos de Israel y se les apareció» (2, 23-25).
La misericordia no puede permanecer indiferente ante el sufrimiento de los oprimidos, al grito de quien es objeto de violencia, reducido a la esclavitud y condenado a muerte. Es una realidad dolorosa que afecta a toda época, incluyendo la nuestra, y que muchas veces nos hace sentir impotentes, tentados a endurecer el corazón y pensar en otra cosa. Dios, en cambio, «no es indiferente» (Mensaje para la Jornada Mundial de la paz 2016, 1), no desvía jamás su mirada del dolor humano.

El Dios de misericordia responde y cuida de los pobres, de quienes gritan su desesperación. Dios escucha e interviene para salvar, suscitando hombres capaces de oír el gemido del sufrimiento y obrar en favor de los oprimidos.

Es así como comienza la historia de Moisés como mediador de liberación para el pueblo. Él se enfrenta al faraón para convencerlo de que deje ir a Israel; y luego guiará al pueblo, a través del Mar Rojo y el desierto, hacia la libertad. Moisés, que la misericordia divina salvó siendo un recién nacido de la muerte en las aguas del Nilo, se hace mediador de esa misma misericordia, permitiendo al pueblo, salvado de las aguas del Mar Rojo, nacer a la libertad. Y también nosotros en este Año de la Misericordia podemos hacer este trabajo de ser mediadores de misericordia con las obras de misericordia para acercar, para dar alivio, para crear unidad. Muchas cosas buenas se pueden hacer.

La misericordia de Dios siempre actúa para salvar. Es todo lo contrario de las obras de quienes actúan siempre para matar: por ejemplo los que hacen las guerras. El Señor, mediante su siervo Moisés, guía a Israel en el desierto como si fuese un hijo, lo educa en la fe y realiza la alianza con él, creando un vínculo de amor muy fuerte, como el del padre con el hijo y el del esposo con la esposa.
A tanto llega la misericordia divina. Dios propone una relación de amor especial, exclusiva, privilegiada. Cuando da instrucciones a Moisés a cerca de la alianza, dice: «Si de veras me obedecéis y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa» (Éx 19, 5-6).
Cierto, Dios posee ya toda la tierra porque la ha creado; pero el pueblo se convierte para Él en una posesión diferente, especial: su personal «reserva de oro y plata» como la que el rey David afirmaba haber donado para la construcción del Templo.

Pues bien, en esto nos convertimos para Dios cuando acogemos su alianza y nos dejamos salvar por Él. La misericordia del Señor hace al hombre precioso, como un tesoro personal que le pertenece, que Él custodia y en el cual se complace.

Son estas las maravillas de la misericordia divina, que llega a pleno cumplimiento en el Señor Jesús, en esa «nueva y eterna alianza» consumada con su sangre, que con el perdón destruye nuestro pecado y nos hace definitivamente hijos de Dios (cf. 1 Jn 3, 1), joyas preciosas en las manos del Padre bueno y misericordioso. Y como nosotros somos hijos de Dios y tenemos la posibilidad de tener esta herencia —la de la bondad y la misericordia— en relación con los demás, pidamos al Señor que en este Año de la Misericordia también nosotros hagamos cosas de misericordia; abramos nuestro corazón para llegar a todos con las obras de misericordia, la herencia misericordiosa que Dios Padre ha tenido con nosotros.


Saludos
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Que el Señor Jesús nos conceda experimentar siempre en nuestra vida el amor y la misericordia de Dios, nuestro Padre. Muchas gracias.




22/1/16

Catequesis del Papa Francisco: Compartir el Bautismo





" Compartir el Bautismo significa que todos somos pecadores y tenemos necesidad de ser salvados, redimidos, liberados del mal."





Texto  completo de la catequesis del Papa Francisco, Miércoles 20 de enero 2016:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hemos escuchado el texto bíblico que este año guía la reflexión en la Semana de Oración para la unidad de los cristianos, que se celebra del 18 al 25 de enero. Esta semana, el pasaje de la Primera Carta de san Pedro ha sido elegido por un grupo ecuménico de Letonia, encargado por el Consejo Ecuménico de las Iglesias y por el Consejo Pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos.

Al centro de la catedral luterana de Riga hay una fuente bautismal del siglo XII, el tiempo en que Letonia fue evangelizada por san Meinardo. Aquella fuente es un signo elocuente de un sólo origen de la fe reconocida por todos los cristianos de Letonia, católicos, luteranos y ortodoxos. Tal origen es nuestro Bautismo común. El Concilio Vaticano II afirma que «el Bautismo constituye el vínculo sacramental de la unidad vigente entre todos aquellos que por medio de él han sido regenerados» (Unitatis redintegratio, 22).

La Primera Carta de Pedro está dirigida a la primera generación de los cristianos para hacerlos conscientes del don recibido con el Bautismo y de las exigencias que implica. También nosotros, en esta Semana de Oración, estamos invitados a redescubrir todo esto, y a hacerlo juntos, yendo más allá de nuestras divisiones.

En primer lugar, compartir el Bautismo significa que todos somos pecadores y tenemos necesidad de ser salvados, redimidos, liberados del mal. Es este el aspecto negativo, que la Primera Carta de Pedro llama «tinieblas» cuando dice: «[Dios] los ha llamado fuera de las tinieblas para conducirlos a su admirable luz». Esta es la experiencia de la muerte, que Cristo ha hecho propia, y que es simbolizada en el Bautismo al ser sumergidos en el agua, y a la cual sigue el resurgir, símbolo de la resurrección a la nueva vida en Cristo.

Cuando nosotros cristianos decimos que compartimos un solo Bautismo, afirmamos que todos nosotros –católicos, protestantes y ortodoxos- compartimos la experiencia de estar llamados de las tinieblas feroces y alienantes al encuentro con el Dios vivo, pleno de misericordia.

Todos de hecho, lamentablemente, tenemos experiencia del egoísmo, que genera división, cerrazón, desprecio. Volver a partir del Bautismo quiere decir reencontrar la fuente de la misericordia, fuente de esperanza para todos, porque ninguno está excluido de la misericordia de Dios.

El compartir esta gracia crea un vínculo indisoluble entre nosotros los cristianos, así que, en virtud del Bautismo, podamos considerarnos todos realmente hermanos. Somos realmente pueblo santo de Dios, aunque si, a causa de nuestros pecados, no somos todavía un pueblo plenamente unido.

La misericordia de Dios, que actúa en el Bautismo, es más fuerte de nuestras divisiones, es más fuerte. En la medida en que recibimos la gracia de la misericordia, nosotros nos transformamos siempre más plenamente en pueblo de Dios, y nos transformamos también en capaces de anunciar a todos sus obras maravillosas, precisamente a partir de un simple y fraterno testimonio de unidad.

Nosotros cristianos podemos anunciar a todos la fuerza del Evangelio comprometiéndonos a compartir las obras de misericordia corporales y espirituales. Este es un testimonio concreto de unidad.

En conclusión, queridos hermanos y hermanas, todos nosotros cristianos, por la gracia del Bautismo, hemos obtenido misericordia de Dios y hemos sido recibidos en su pueblo.

Todos, católicos, ortodoxos y protestantes, formamos un sacerdocio real y una nación santa. Esto significa que tenemos una misión común, que es aquella de transmitir la misericordia recibida a los otros, comenzando por los más pobres y abandonados.

Durante esta Semana de Oración, rezamos para que todos nosotros discípulos de Cristo encontremos el modo de colaborar juntos para llevar la misericordia del Padre a cada parte de la tierra. Gracias.



Laicos Dehonianos-Video

Video clip donde el corazón