11/11/12

Entrevista a Enza Annunziata y Rinaldo Paganelli, sacerdote dehoniano.





Autores del libro



''Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó''

Los pequeños evangelizan, una experiencia límite en Pachacamac, Perú
Por Nieves San Martín
ROMA, lunes 5 noviembre 2012 (ZENIT.org).- Un libro testimonio sorprendente –Un uomo scendeva da Gerusalemme a Gerico- por lo que revela de sus propios autores: Enza Annunziata, médica oncóloga, y Rinaldo Paganelli, sacerdote dehoniano, ambos en Roma. Desde una experiencia de muchos años, en idas y venidas, al límite de lo humano –en Villa El Salvador-Pachacamac, Perú--, han experimentado la presencia de Cristo hecho carne y sangre en los más pequeños del Reino. Cada línea de este libro parece estar escrita con sangre en lugar de con tinta. La de los autores, que se dejaron algo más que la piel en la experiencia y ahora, pasados los años, hablan de las vidas de tantos y tantos con los que han tenido encuentros transformadores.
ZENIT se ha dirigido a ellos para preguntarles sobre el libro, su experiencia y sus reflexiones contundentes, fruto de una gran elaboración interior en la oración y se diría que en la contemplación de esos rostros de los crucificados de hoy en América Latina. El subtítulo del libro es también expresivo: Ricevere da chi si incontra (Recibir de quien se encuentra).
Pachacamac es una aglomeración de chabolas hechas con los materiales a la mano: plásticos, madera, cartón, láminas de lata. A la periferia de Lima, Perú, con modos y tiempos diversos, Enza y Rinaldo han ido repetidas veces. De la experiencia compartida nació la idea de recoger emociones, pensamientos y hechos, prestar su voz a aquellos pequeños y últimos, y entregarlas al lector italiano. Sería deseable una traducción al español, visto que los autores hablan esta lengua y el escenario es latinoamericano.
El hilo conductor del relato a dos manos, perfectamente enlazado, es la frase de la parábola de Jesús sobre el buen samaritano.
Enza Annunziata, miembro de la Institución Teresiana –asociación de fieles laicos--, es médica oncóloga en el hospital Cristo Rey de Roma. Ha trabajado en Perú, a orillas de río Napo en la selva amazónica, con la cooperación italiana, en un proyecto sanitario de la Institución Teresiana en la organización no gubernamental de desarrollo PRODOCS: http://www.prodocs.info/, y en Villa El Salvador-Pachacamac, en una concentración de infraviviendas en el desierto, trasladadas allí por los planes de desalojo de la capital peruana.
Rinaldo Paganelli, sacerdote dehoniano, obtuvo el doctorado en Catequética y Pastoral Juvenil en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma, en la que ahora es docente de catequética. Es director responsable de la revista Evangelizzare. Ha realizado numerosas publicaciones de catequesis, catequética y oración en la editorial EDB, de los religiosos dehonianos.
He aquí sus respuestas a las preguntas de ZENIT.
¿Cómo surgió la idea de hacer este libro?
--Enza Annunziata: La idea de este libro nació de la riqueza de la experiencia vivida tanto en el hospital, como por las calles de Pachacamac. Cuando se recibe un regalo que toma toda la vida, y la cambia desde las raíces, este regalo no se puede encerrar en la persona, necesita ser compartido. Cuando la Palabra se hace carne en un cotidiano hecho de encuentros, sorpresas, gratitud, sufrimiento, lo que se busca es intentar vivir en una dimensión contemplativa donde la Palabra y las palabras se trenzan. Por esto la parábola del buen samaritano se ha hecho pan partido de nuestro compartir.
--Rinaldo Paganelli: Nos hemos visto arrastrados dentro de las situaciones de las personas que hemos encontrado. Haciendo memoria, no hemos hecho de ellas imágenes para mirar, mas bien presencias capaces de encontrar la historia de quien lee y de llamar la atención. Cada una tiene su rol, asumido con discreción y entregado con respeto a través de las palabras que hemos intentado guardar como verdaderas, porque libres, sinceras y atentas a las realidades de quien non ha regalado un trozo de su historia.
Hay afirmaciones rotundas en esta obra en la que ustedes se exponen mucho. ¿Son fruto de un pensamiento personal? ¿De un encuentro en la oración? ¿De una experiencia madurada? 
--Rinaldo Paganelli: Nuestra sensibilidad se ha juntado, sin defensas, y mientras las páginas se llenaban de vida encontrada, hemos descubierto que estábamos regalando las cosas mas verdaderas y profundas que teníamos dentro de nosotros. Cuando se busca contar lo que los otros viven, hay la suerte de descubrir lo mas bello que habita su vida y un poquito también la nuestra.
--Enza Annuniziata: Las afirmaciones que nos ha parecido regalar a los que leen son fruto de una fe que se hace vida y de una vida que se realiza por la fuerza de la fe; son el fruto de un encuentro profundo con los pequeños del Reino, son signo del camino de peregrinos que la vida nos regala entra la alegría y el sufrimiento, la gratitud y la soledad, entre el compartir y el fracaso
Hay una afirmación que recorre el libro y que es: los pequeños nos evangelizan. ¿Por qué? 
--Rinaldo Paganelli: los pequeños non evangelizan porque siempre manifiestan algo nuevo, nunca dicen lo mismo y nos invitan a buscar nuevas atenciones, gestos mas verdaderos, palabras no gastadas. Nos ofrecen la buena noticia de que también gracias a ellos, nuestro Dios no se ha cansado de visitar nuestra historia.
--Enza Annunziata: Los pequeños nos evangelizan, porque no tienen prejuicios. Son criaturas a las que Dios revela los misterios del Reino, porque son transparencia del Padre, profetas humildes, audaces, porque a través de ellos es posible creer en un futuro de esperanza.
¿Qué lugar tienen en este libro quienes han creado riqueza y dan empleo y empujan la economía de un país?
--Enza Annunziata: En nuestra experiencia, no hemos encontrado a los que han creado la riqueza, que dan empleo... Hemos encontrado a personas en búsqueda de una vida digna que en la miseria en la que viven es dificil de imaginar.
Rinaldo Paganelli: Se ha hecho concreta la exigencia de no pararnos a contar lo vivido, mas bien de ofrecer a través de nuestra solidaridad, la atención para que alguien empiece a sentir que su vida es visitada por el bien. Así hemos descubierto que nosotros también somos los que han vivido la experiencia de bajar de Jerusalén a Jericó.
Se puede obtener el libro en italiano en:

10/11/12

Novelda, grupo local.






Como cada 15 días, el 31 de Octubre los laicos de Novelda nos reunimos en el colegio. Esta vez era algo distinto porque habíamos quedado con el P. Molina (recientemente incorporado en el grupo) para hacer una dinámica de oración y relajación, que a todos nos gustó mucho pues, aparte de divertida, nos pareció muy profunda. Todos estábamos muy contentos porque pudimos contar con la presencia de Lola que, como muchos ya sabéis, últimamente no pudo acompañarnos por motivos de salud. También echamos de menos a Fina porque ese día estaba enferma y sé que le habría gustado mucho asistir, como siempre.

Para finalizar como era víspera de Todos los Santos decidimos compartir la cena y quedamos que, en la próxima reunión, Magda, Gerardo y el P. Pedro, nos informarán de todos los detalles del encuentro en Madrid, aunque ya nos adelantaron que fue estupendo y que, como siempre, se sintieron muy bien acogidos y atendidos.

Como es la primera vez que escribo algo de nuestro grupo espero no pareceros demasiado seria, pero os aseguro que cada vez que nos reunimos sabemos que todos los grupos estamos unidos en el Espíritu del Padre Dehon, y que el Corazón de Jesús nos mueve a estar siempre ahí, en el camino, sin cansarnos, porque sabiendo que no estamos solos todo va mucho mejor

Os envío un saludo muy afectuoso del grupo de Laicos de Novelda, un abrazo para todos.
 
 

5/11/12

COMUNIÓN DE LOS SANTOS (CREO). Gonzalo Arnaiz, scj.




 




“Creo en la comunión de los Santos”. Así reza nuestro undécimo artículo de la fe. ¿Y qué queremos decir cuando profesamos la comunión de los Santos?

Hablamos de los “Santos” y de su “Comunión”.

¿Quiénes son los “Santos”? La primera respuesta que hay que dar es que “solo Dios es Santo”. La “santidad” no es algo sino que es ALGUIEN. Dios, todo su ser es el Santo o la Santidad; es el totalmente otro, el distinto, el separado de toda otra realidad creada, por muy sublime que sea la creatura.

Cuando hablamos de Dios y en concreto del Dios manifestado en Cristo Jesús, nos hemos atrevido a definirlo como AMOR. Un amor que “hacia dentro” es la Trinidad y “hacia fuera” es ese amor que se expande y crea por amor el mundo y el hombre,

Justamente en esa “expansión” podemos ver lo que es la “santidad de Dios” que se contagia. Dios es el solo Santo, pero es una Santidad que se comunica o quiere comunicarse. Y por eso, podríamos decir, que todo lo que Dios toca va a ser “santo” por participación o contagio de su misma santidad, de su mismo ser, de su mismo amor.

¿Quiénes son los “Santos”? Todos aquellos que se han dejado tocar por Dios y que han abierto las puertas de su ser, de su vida, para que Dios los “invada” , los penetre y les haga partícipes de su naturaleza divina; les haga tan semejantes a Él que les hace entrar en un proceso de divinización que llegará a plenitud en el cielo.

Por eso “Santos” son o somos todos los fieles cristianos que por el bautismo fuimos sellados con y por el Espíritu de Dios y fuimos hechos “hijos de Dios”. Santos son también todos aquellos hombres y mujeres que buscan a Dios o que han encontrado a Dios en otros “credos” e intentan vivir su vida según Dios. En definitiva todo hombre o mujer está llamado a las santidad, pero existe la posibilidad de no querer secundar esta llamada de forma consciente y positiva. Si uno se cierra a luz, la luz no llega a él, no le puede tocar. Si uno se cierra a Dios, Dios respeta su libertad y no le “toca” o no entra en su vida.

La “Comunión de los Santos” habla en primer lugar de esta comunión de vida y de santidad en el Espíritu Santo que se nos ha dado. El Espíritu Santo es el “nexo” de la comunión en la Trinidad; el Espíritu Santo es el “nexo” de la comunión entre todos los santos. El Espíritu Santo es el “vivificador” de todos nosotros y es lo común y la comunión entre todos nosotros. Esta comunión, evidentemente, nos une e introduce en la vida Trinitaria. Por eso, en este “nexo” de comunión que es el Espíritu Santo el “cielo” y la “tierra” se unen sin fundirse pero introduciendo en la tierra el germen de Vida Eterna, por lo que podemos decir en verdad que ya somos ciudadanos del cielo.

Esta comunión de vida por el Espíritu, que hay entre el cielo y la tierra hace que hablemos de verdadera comunión entre todos los seres vivos que han existido y existen. Todas las personas que nos han precedido en la fe sabemos que por el Espíritu Santo, que es el Espíritu del Resucitado, participan de la vida de Dios y por lo tanto que ellos están “Vivos” participando dela resurrección de Jesucristo en el estadio definitivo de nuestra vida que es el cielo. A estos creyentes que están en el cielo, la tradición los ha llamado “Iglesia triunfante”.  A los que estamos todavía peregrinando en esta vida, la tradición los ha llamado “Iglesia militante” por aquello de que está en la “lucha” o en el momento de la prueba o de la maduración de la opción de fe y amor por Dios. Hay otro grupo de personas, que habiendo cruzado ya el umbral de la esperanza, lo han hecho en fidelidad pero no del todo integrada o totalmente madura. Estos pertenecen a la “Iglesia purgante” o aquellos que decimos están en el purgatorio, que dicho sea de paso, no es un mini-infierno, sino que es antesala de paraíso.

Pues bien, la comunión de los Santos es o quiere decir que entre todos estos estados de creyentes en Cristo existe una corriente de solidaridad de tal forma que hay un trasvase permanente de vida entre ellos. El cielo no está desenganchado de la tierra ni viceversa. Todos formamos un mismo cuerpo en Cristo y por lo tanto lo de uno repercute en todos y lo de todos en uno. Permanecemos unos y otros en unidad vital, por lo que los que nos han precedido nos pueden ayudar en nuestra tarea de viandantes y nosotros podemos entrar en comunión de vida con ellos en el diálogo, la oración y la alabanza a Aquel por el que la Santidad nos llega a todos.

La comunión de los Santos y la comunión de lo Santo, se lleva a ejercicio de forma plena, en nuestra situación de peregrinos, en la celebración de la Eucaristía. Es el momento de la gran comunión. Es el momento del ejercicio de la comunión. En la Eucaristía el Espíritu Santo funciona a “todo tren”. Es el que habla “por los profetas”, el que santifica los dones de la ofrenda, el que santifica a los oferentes con la misma fuerza que a los dones. En la eucaristía comemos el pan Cristificado por el Espíritu que nos alimenta y hace crecer en la fe y en la misma comunión. Todos comemos del mismo pan. Todos nos hacemos de la misma “pasta”. Todos nos hacemos comunión en la misma vida. Todos nos hacemos más hermanos.

Esta comunión de vida, esta santidad se manifiesta también en otras realidades:

Comunión de vida fraterna: Los primeros cristianos lo tenían todo en común. La comunión de bienes sería un corolario de la comunión de los santos. Por eso la importancia de la comunidad, de la vida de la iglesia. La iglesia no es otra cosa que comunidad de fieles cristianos. Constitutivamente estamos llamados a ser comunidad. La comunidad de vida se fragua en la comunidad y se vive en comunidad. Esta dimensión se explicará cuando se hable del otro artículo de la fe que es “creo en la Iglesia católica”.

Comunión en la misma fe. Es importante que nuestra experiencia de fe, nuestra vida de fe seamos capaces de compartirla con los demás, como se comparte el bien más preciado. No quiero quedármelo solo para mí, porque además sería infecundo y se secaría. Mi experiencia de fe quiero compartirla con los demás, para gozar juntos, crecer juntos y alimentarnos juntos. Y también, si es preciso para corregirnos y poner en crisis algunas opciones de fe que pueden falsear el camino. En definitiva sería ejercer el discernimiento de Espíritu en virtud del Espíritu Santo compartido por todos.

La comunión en la Caridad. Puede sonar a redundancia, pero hay que significar esa comunión. “Ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco nadie muere para sí mismo”. (Rom,14-7). Nuestro vivir es un vivir “para los demás”. Un vivir “para el Señor”. Nada de los demás nos puede ser indiferente. Cuando uno de nuestros hermanos sufre, también yo sufro. Y por lo tanto he de poner todo mi ser para luchar contra ese sufrimiento de mi hermano. Hemos de vivir siendo “buenos samaritanos” y dedicarnos a erradicar toda injusticia causada por el egoísmo (el pecado) que aflora en muchas dimensiones de nuestra vida.

Gonzalo Arnaiz, scj.

 

3/11/12

4-Noviembre-2012: Domingo 31 T. Ordinario - B




 

Jesús me habla

 de lo que es realmente vital para mí,

 

de lo esencial para vivir,

de lo necesario,

 

 como si se tratara

del aire que respiro.

  

 

El primer mandamiento

empieza por esta palabra:

 

 

 

Escucha


Reflexión de Carmen Pallarés:



 


Otras reflexiones del evangelio:




Ir a Liturgia o pinchar sobre los nombres:



1/11/12

Catequesis de Benedicto XVI: La fe de la Iglesia.





LA FE NACE EN LA IGLESIA, CONDUCE A ELLA Y VIVE EN ELLA

Catequesis de Benedicto XVI por el Año de la Fe




Queridos hermanos y hermanas:

Continuamos en nuestro camino de meditación sobre la fe católica. La semana pasada he mostrado cómo la fe es un don, porque es Dios quien toma la iniciativa y viene a nuestro encuentro; y así la fe es una respuesta con la que lo recibimos, como un fundamento estable de nuestra vida. Es un don que transforma nuestras vidas, porque nos hace entrar en la misma visión de Jesús, quien obra en nosotros y nos abre al amor hacia Dios y hacia los demás.

Hoy me gustaría dar un paso más en nuestra reflexión, partiendo de nuevo de algunas preguntas: ¿la fe tiene solo un carácter personal, individual? ¿Solo me interesa a mi como persona? ¿Vivo mi fe yo solo? Por supuesto, el acto de fe es un acto eminentemente personal, que tiene lugar en lo más profundo y que marca un cambio de dirección, una conversión personal: es mi vida que da un giro, una nueva orientación. En la liturgia del Bautismo, en el momento de las promesas, el celebrante pide manifiestar la fe católica y formula tres preguntas: ¿Crees en Dios Padre Todopoderoso? ¿Crees en Jesucristo su único Hijo? ¿Crees en el Espíritu Santo? En la antigüedad, estas preguntas eran dirigidas personalmente al que iba a ser bautizado, antes que se sumergiese tres veces en el agua. Y aún hoy, la respuesta es en singular: “Yo creo”.

Pero este creer no es el resultado de mi reflexión solitaria, no es el producto de mi pensamiento, sino que es el resultado de una relación, de un diálogo en el que hay un escuchar, un recibir, y un responder; es el comunicarse con Jesús, el que me hace salir de mi "yo", encerrado en mí mismo, para abrirme al amor de Dios Padre. Es como un renacimiento en el que me descubro unido no solo a Jesús, sino también a todos aquellos que han caminado y caminan por el mismo camino; y este nuevo nacimiento, que comienza con el Bautismo, continúa a lo largo del curso de la vida. No puedo construir mi fe personal en un diálogo privado con Jesús, porque la fe me ha sido dada por Dios a través de una comunidad de creyentes que es la Iglesia, y por lo tanto me inserta en la multitud de creyentes, en una comunidad que no solo es sociológica, sino que está enraizada en el amor eterno de Dios, que en Sí mismo es comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que es Amor trinitario. Nuestra fe es verdaderamente personal, solo si es a la vez comunitaria: puede ser “mi fe”, solo si vive y se mueve en el “nosotros” de la Iglesia, solo si es nuestra fe, nuestra fe común en la única Iglesia.

El domingo en la misa, rezando el “Credo”, nos expresamos en primera persona, pero confesamos comunitariamente la única fe de la Iglesia. Ese “creo” pronunciado individualmente, se une al de un inmenso coro en el tiempo y en el espacio, en el que todos contribuyen, por así decirlo, a una polifonía armoniosa de la fe. El Catecismo de la Iglesia Católica lo resume de forma clara:“"Creer" es un acto eclesial. La fe de la Iglesia precede, engendra, conduce y alimenta nuestra fe. La Iglesia es la Madre de todos los creyentes. "Nadie puede tener a Dios por Padre si no tiene a la Iglesia por Madre"[San Cipriano]” (n. 181). Por lo tanto, la fe nace en la Iglesia, conduce a ella y vive en ella. Esto es importante para recordarlo.

A principios de la aventura cristiana, cuando el Espíritu Santo desciende con poder sobre los discípulos, en el día de Pentecostés --como se relata en los Hechos de los Apóstoles (cf. 2,1-13)--, la Iglesia primitiva recibe la fuerza para llevar a cabo la misión que le ha confiado el Señor Resucitado: difundir por todos los rincones de la tierra el Evangelio, la buena noticia del Reino de Dios, y guiar así a cada hombre al encuentro con Él, a la fe que salva. Los Apóstoles superan todos los miedos en la proclamación de lo que habían oído, visto, experimentado en persona con Jesús. Por el poder del Espíritu Santo, comienzan a hablar en nuevas lenguas, anunciando abiertamente el misterio del que fueron testigos. En los Hechos de los Apóstoles, se nos relata el gran discurso que Pedro pronuncia en el día de Pentecostés. Comienza él con un pasaje del profeta Joel (3,1-5), refiriéndose a Jesús, y proclamando el núcleo central de la fe cristiana: Aquel que había sido acreditado ante ustedes por Dios con milagros y grandes señales, fue clavado y muerto en la cruz, pero Dios lo resucitó de entre los muertos, constituyéndolo Señor y Cristo.

Con él entramos en la salvación final anunciada por los profetas, y quien invoque su nombre será salvo (cf. Hch. 2,17-24). Al oír estas palabras de Pedro, muchos se sienten desafiados personalmente, interpelados, se arrepienten de sus pecados y se hacen bautizar recibiendo el don del Espíritu Santo (cf. Hch. 2, 37-41). Así comienza el camino de la Iglesia, comunidad que lleva este anuncio en el tiempo y en el espacio, comunidad que es el Pueblo de Dios basado sobre la nueva alianza gracias a la sangre de Cristo, y cuyos miembros no pertenecen a un determinado grupo social o étnico, sino que son hombres y mujeres provenientes de cada nación y cultura. Es un pueblo “católico”, que habla lenguas nuevas, universalmente abierto a acoger a todos, más allá de toda frontera, haciendo caer todas las barreras. Dice san Pablo: "Donde no hay griego y judío; circuncisión e incircuncisión; bárbaro, escita, esclavo, libre, sino que Cristo es todo y en todos" (Col. 3,11).

La Iglesia, por tanto, desde el principio, es el lugar de la fe, el lugar de transmisión de la fe, el lugar en el que, mediante el Bautismo, estamos inmersos en el Misterio Pascual de la Muerte y Resurrección de Cristo, que nos libera de la esclavitud del pecado, nos da la libertad de hijos y nos introduce a la comunión con el Dios Trino. Al mismo tiempo, estamos inmersos en comunión con los demás hermanos y hermanas en la fe, con todo el Cuerpo de Cristo, sacándonos fuera de nuestro aislamiento. El Concilio Vaticano II nos lo recuerda: “Fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente” (Const. Dogm. Lumen Gentium, 9).

Al recordar la liturgia del bautismo, nos damos cuenta de que, al concluir las promesas en las que expresamos la renuncia al mal y repetimos “creo” a las verdades de la fe, el celebrante dice: “Esta es nuestra fe, esta es la fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús Nuestro Señor”. La fe es una virtud teologal, dada por Dios, pero transmitida por la Iglesia a lo largo de la historia. El mismo san Pablo, escribiendo a los Corintios, afirma haberles comunicado el Evangelio que a su vez él había recibido (cf. 1 Cor. 15,3).

Hay una cadena ininterrumpida de la vida de la Iglesia, de la proclamación de la Palabra de Dios, de la celebración de los sacramentos, que llega hasta nosotros y que llamamos Tradición. Esta nos da la seguridad de que lo que creemos es el mensaje original de Cristo, predicado por los Apóstoles. El núcleo del anuncio primordial es el acontecimiento de la Muerte y Resurrección del Señor, de donde brota toda la herencia de la fe. El Concilio dice: “La predicación apostólica, que está expuesta de un modo especial en los libros inspirados, debía conservarse hasta el fin de los tiempos por una sucesión continua” (Const. Dogm. Dei Verbum, 8).

Por lo tanto, si la Biblia contiene la Palabra de Dios, la Tradición de la Iglesia la conserva y la transmite fielmente, para que las personas de todos los tiempos puedan acceder a sus inmensos recursos y enriquecerse con sus tesoros de gracia. Por eso la Iglesia, “en su doctrina, en su vida y en su culto transmite a todas las generaciones todo lo que ella es, todo lo que ella cree” (ibid.).

Por último, quiero destacar que es en la comunidad eclesial donde la fe personal crece y madura. Es interesante notar cómo en el Nuevo Testamento, la palabra “santos” se refiere a los cristianos como un todo, y por cierto no todos tenían las cualidades para ser declarados santos por la Iglesia. ¿Qué se quería indicar, pues, con este término? El hecho es que los que tenían y habían vivido la fe en Cristo resucitado, fueron llamados a convertirse en un punto de referencia para todos los demás, poniéndolos así en contacto con la Persona y con el Mensaje de Jesús, que revela el rostro del Dios vivo.

Y esto también vale para nosotros: un cristiano que se deja guiar y formar poco a poco por la fe de la Iglesia, a pesar de sus debilidades, sus limitaciones y sus dificultades, se vuelve como una ventana abierta a la luz del Dios vivo, que recibe esta luz y la transmite al mundo. El beato Juan Pablo II en la encíclica Redemptoris Missio afirmó que “la misión renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. ¡La fe se fortalece dándola!” (n. 2).

La tendencia, hoy generalizada, a relegar la fe al ámbito privado, contradice por tanto su propia naturaleza. Tenemos necesidad de la Iglesia para confirmar nuestra fe y para experimentar los dones de Dios: su Palabra, los sacramentos, el sostenimiento de la gracia y el testimonio del amor. Así, nuestro “yo” en el “nosotros” de la Iglesia, podrá percibirse, al mismo tiempo, como destinatario y protagonista de un acontecimiento que lo sobrepasa: la experiencia de la comunión con Dios, que establece la comunión entre las personas. En un mundo donde el individualismo parece regular las relaciones entre las personas, haciéndolas más frágiles, la fe nos llama a ser Pueblo de Dios, a ser Iglesia, portadores del amor y de la comunión de Dios para toda la humanidad (Cf. Const. Dogm. Gaudium et Spes, 1). Gracias por su atención.

Comienza en Valencia el Congreso Nacional de Pastoral Juvenil





Organizado por la CEE
 
Fuente: Paraula;
Autor: Belén Nava

Acercar la fe a los jóvenes es el gran objetivo que se marca el un Congreso Nacional de Pastoral Juvenil, que se celebrará en Valencia del 1 al 4 de noviembre bajo el lema ‘También vosotros daréis testimonio’ ya que “Jesucristo es un gran desconocido para muchos” de ellos, según afirmó el director del Departamento de Juventud de la Conferencia Episcopal, y obispo de San Sebastián, monseñor José Ignacio Munilla, en la presentación a los medios del encuentro.

“En los últimos años el nivel de increencia ha aumentado”, señaló, ofreciendo como datos que sustentan esta afirmación que ante la pregunta de si creen en Dios “más del 50 por ciento responden que no”.
Ante esta realidad y en un esfuerzo por conectar con los jóvenes, los obispos han confeccionado un amplio abanico de actividades dentro de este congreso para tratar de aportar nuevas ideas a la evangelización de los jóvenes.

El encuentro tiene entre otros objetivos: actualizar la pastoral juvenil al lenguaje y la sensibilidad de los jóvenes del siglo XXI; impulsar el entusiasmo misionero en un momento de gran secularización de España, acentuado por la grave crisis moral, social y económica que padecemos; promover nuevas expresiones evangelizadoras y afrontar una nueva etapa desde unas bases teológicas fuertes en las perspectivas de los aniversarios del Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica.

Ponencias, un musical, una gran vigilia…
El Congreso dará comienzo el jueves día 1 de noviembre con un acto de acogida en la plaza de la Virgen de los Desamparados y en la catedral. Al día siguiente, el arzobispo de Valencia, monseñor Carlos Osoro, será el encargado de pronunciar la primera ponencia con el título ‘Para ti la vida es Cristo. El primer anuncio’.

El sábado día 3 será el obispo de San Sebastián, Mons. José Ignacio Munilla, quien hable sobre ‘La evangelización de los jóvenes ante la emergencia afectiva’. Por último, el domingo día 4 el cardenal Stanislaw Rylko, presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, pronunciará la ponencia ‘La pastoral de jóvenes ante la emergencia educativa moderna: el magisterio de Benedicto XVI’.

Cada una de las tres intervenciones centrales irá seguida de breves “resonancias” en las que se pondrá el acento en temas como el primer anuncio, el acompañamiento personal en el itinerario de fe o la pastoral juvenil en la perspectiva de la Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar el próximo año en Río.

Durante el encuentro habrá también talleres en los que se presentarán diversas experiencias de movimientos y nuevas comunidades, y diferentes actividades de evangelización en la calle, como por ejemplo la iniciativa ‘Una luz en la noche’ o la representación del musical ‘Alma’.

El Congreso cuidará especialmente los momentos celebrativos y los espacios para la oración personal y comunitaria. Todos los días habrá rezo de la liturgia de las horas y celebración de la Eucaristía. El sábado, la jornada concluirá con una gran vigilia de oración, a las diez y media de la noche, en la catedral, y el domingo se clausurará el congreso con una eucaristía de envío.

UNA LUZ EN LA NOCHE

El sábado 3, a partir de las nueve de la noche, se pondrá en marcha la iniciativa ‘Una luz en la noche’, una experiencia de evangelización en las calles. La idea arranca en el año 2002, cuando Andrea Brugnoli, sacerdote de la diócesis de Verona (Italia), puso en marcha las iniciativas de ‘Sentinelle del Mattino’. Los jóvenes que salen a las calles paran a gente de su edad, a personas que no estén atareadas, personas que estén solas o en pareja. No abordan a grupos “porque el anuncio debe ser personal”. Al ser de la misma edad hablan con palabras sencillas, en el mismo lenguaje que una persona de su edad. Se trata de hacer una invitación sencilla y eficaz. La forma más habitual de evangelización consiste en abrir las puertas de la Iglesia, mientras que el Santísimo Sacramento está expuesto en adoración. Unos se quedan rezando y otros salen a la calle por parejas invitando a la gente a que se una en oración. Este método se emplea en Italia y Francia, y en la diócesis de Alcalá de Henares.

PROGRAMA DE ACTIVIDADES


Jueves, 1 noviembre


20:00 h. Acto de acogida
Plaza de la Virgen de los Desamparados y Catedral.

Viernes, 2 noviembre

8:00 h.Oración personal
9:15 h. Laudes
9:45 h. Para ti la vida es Cristo. El primer anuncio.
Mons. Carlos Osoro. Arzobispo de Valencia
11:15 h. Resonancias de la ponencia
1. La eficacia del primer anuncio.
Xavier Morlans. Profesor de la Facultad de Teología de Cataluña. Consultor del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización
2. El primer acto de Fe
Andrea Brugnolli. Sentinelle del Mattino (Italia)
3. Los laicos, protagonistas y obreros del primer anuncio
José Alberto Barrera. Director Nacional del Curso ALPHA España
12:30 h. Eucaristía
16:00 h. Talleres I. Experiencias Nueva Evangelización. Primer Anuncio (10 experiencias en 10 templos)
17:45 h. Talleres II. Experiencias Nueva Evangelización (10 experiencias en 10 templos)
19:30 h. Vísperas
21:00 h. Vigilia de oración con los jóvenes. Basílica de la Virgen
22:00 h. Representación del musical ‘Alma’.
SEPAJU. Secretariado de Pastoral Juvenil de la archidiócesis de Toledo.

Sábado, 3 noviembre


8:00 h. Oración personal
9:15 h. Laudes
9:45 h. La evangelización de los jóvenes ante la “emergencia afectiva”
Mons. José Ignacio Munilla Aguirre. Obispo de San Sebastián
11:15 h. Resonancias de la ponencia
1. Momentos fuertes en el seguimiento a Cristo
Madre Prado. Monasterio de la Conversión, Becerril de Campos (Palencia)
2. Acompañamiento personal
Gonzalo Pérez-Boccherini. Delegado de pastoral juvenil de la diócesis de Getafe
12:30 h. Eucaristía
16:00 h. Talleres I. Experiencias Nueva Evangelización. Encuentro con Cristo e Itinerarios. (10 experiencias en 10 templos)
17:45 h. Talleres II. Experiencias Nueva Evangelización. Encuentro con Cristo e Itinerarios. (10 experiencias en 10 templos)
19:30 h. Vísperas
21:00 h. ‘Una luz en la noche’. Formación de misioneros y evangelización en la calle.
22:30 h. Gran vigilia de adoración. Catedral de Valencia

Domingo, 4 noviembre

8:00 h. Oración personal
9:15 h. Laudes
9:45 h. La pastoral de los jóvenes ante la emergencia educativa hodierna:
el magisterio de Benedicto XVI.
Card. Stanislaw Rylko. Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos
11:15 h. Resonancias de la ponencia
1.- Itinerarios de Formación
Rosendo Soler (responsable del Centro Nacional Salesiano de Pastoral Juvenil)
2.- Rumbo a Río
Carlos Sávio da Costa. Coordinador Nacional de la Semana Misionera – JMJ Río 2013
12:30 h. Eucaristía final de envío

 

31/10/12

Yo creo, yo espero en el Amor.





 
Gonzalo Arnaiz, scj.

Cáritas Española edita un librito para el Adviento-Navidad del 2012, que se titula como el encabezado de este artículo.
Al abrirlo y empezar a leerlo me ha cautivado y hasta fascinado las primeras líneas escritas por Rafael Prieto. Como vienen a cuento de lo que hablamos en la convivencia del pasado fin de semana (28 de Octubre) de los laicos dehonianos en Ciempozuelo, os lo trascribo tal cual:
 

“Si yo no creyera, una gran inquietud, una gran oscuridad se apoderaría de mí.
Yo respeto a los que no creen, pero no los envidio.

Si no hubiera Padre en quien confiar y a quien amar…
Si amar o no amar fuera lo mismo, si la muerte fuera más fuerte, si después no hubiera nada, si no hubiera Padre…
Si no hubiera nada que esperar, nada por lo que luchar, si las esperanzas fueran todas lo mismo, es decir, nada…
Si no hubiera premio ni castigo, si no hubiera cielo y tampoco infierno, como quiera que se expliquen…
Si no hubiera Padre, si todo fuera relativo, si no sabemos dónde está la verdad ni en qué se fundamenta la fraternidad y los demás valores…
Si no hubiera Padre, si no hubiera Dios…
 

Una inmensa desgracia se apoderaría de la humanidad. ¡Qué orfandad más angustiosa!

“Si falta Dios, todo pierde sentido. Es como si faltara la dimensión de profundidad y todas las cosas se oscurecieran, privadas de su valor simbólico; como si no “destacaran” de la mera materialidad” (Benedicto XVI).

 

Si Dios no existiera yo moriría sin remedio.

“Si yo existo, Dios existe. Para mí ésta es una necesidad de mi ser, al igual que para millones de personas. A quienes no creen yo no puedo ofrecerles una prueba racional de la existencia de Dios. Afirmo que soy un hombre de fe y oración y que, aunque me hicieran pedazos, confío en que Dios me daría fuerza suficiente para no negarlo, sino, por el contrario, afirmar su existencia… Estoy más seguro de la existencia de Dios que del hecho de que tú y yo estemos sentados en esta habitación. Y puedo atestiguar también que soy capaz de vivir sin aire y sin agua, pero no sin Él. Podrías arrancarme los ojos o cortarme la nariz, pero ello no me causaría la muerte. Ahora bien, si destruyes mi fe en Dios, moriré sin remedio” (Ghandi).

 

Yo creo.

“La fe no es la simple aceptación de unas verdades abstractas, sino una relación íntima con Cristo que nos lleva a abrir nuestro corazón a este misterio de amor y a vivir como personas que se saben amadas por Dios” (Benedicto XVI).”

 

Os deseo a todos que viváis como creyentes atraídos por el Amor de Dios manifestado en el Corazón de Cristo Jesús.

 
Gonzalo Arnaiz, scj.

30/10/12

Encuentro nacional de Laicos Dehonianos Ciempozuelos 2012








Ciempozuelos, 26-28 de octubre de 2012


Durante estos días nos reunimos unos 30 laicos con varios religiosos scj en Ciempozuelos, Madrid, para tener nuestro encuentro nacional de Laicos Dehonianos. El encuentro transcurrió en un ambiente de familiaridad, cercanía y cordialidad entre todos los asistentes.

El viernes, por la tarde – noche, nos encontramos en la casa de espiritualidad de la religiosas “Oblatas de Santísimo Redentor” y, después de la cena, tuvimos un buen rato de amena sobremesa para compartir nuestro viaje y nuestras actividades.

En la mañana del sábado tuvimos la charla del P. Eduardo Gómez, scj que nos habló sobre los laicos y el P. Dehon, destacando que ya desde el principio del nacimiento de la congregación ya había laicos junto al P. Dehon. Después de un descanso, Eduardo nos presentó el “Instrumentum Laboris” del nuevo Estatuto a trabajar durante este curso pastoral. Por la tarde contamos con la presencia del P. Gonzalo Arnáiz, que nos invitó a reflexionar sobre la fe y sus consecuencias en nuestro mundo actual. Por la noche estuvimos viendo la película: “Intocable” e hicimos cineforum con ella.

La mañana del domingo la dedicamos a organizar el curso 2012-13 con diversas actividades de formación, y celebramos  una Eucaristía. 

Unos buenos días de encuentro personal con Dios, con los demás y con uno mismo. Un buen encuentro lleno de profundidad, buen hacer y amistad.




29/10/12

Decálogo para la Evangelización en Internet


 





 
 
 
“La Iglesia (…) no está llamada solamente a usar los medios de comunicación para difundir el Evangelio sino, sobre todo hoy más que nunca, a integrar el mensaje de salvación en la “nueva cultura” que estos poderosos medios crean y amplifican. La Iglesia advierte que el uso de las
técnicas y tecnologías de comunicación contemporáneas forman parte de su propia misión en
el tercer milenio” (Juan Pablo II, El rápido desarrollo, 2005, n.2).
 
 
1.     EN EL ORIGEN, CRISTO. Jesús dice: “Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio a toda criatura” (Mc 16,15). Este es el mandato del que nace la llamada a la evangelización también en el Continente Digital.
2.     INTERNET, UN “LUGAR”, NO UN MEDIO. La Red no es sólo un instrumento, es un lugar habitado. Se trata de Evangelizar en Internet, no tanto de ‘usar’ Internet para evangelizar.
3.     LA CLAVE, EL TESTIMONIO.Para la Iglesia el primer medio de evangelización consiste en un testimonio de vida auténticamente cristiana…” (Evangelii Nuntiandi, n.41). Los contenidos no evangelizan de modo auténtico si no los sostiene la forma en que nos relacionamos, nuestro testimonio explícito del amor de Dios, en la Red.
4.     NUESTRA FUERZA, LA GRACIA.Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15, 5). Sólo unidos a Cristo, viviendo una verdadera vida cristiana, en fidelidad y amor a la Iglesia, el iMisionero puede dar un fruto abundante, rebosante y superar la tentación del desaliento y del activismo.
5.     SOMOS PUEBLO, COMUNIDAD. Tan impactante como el testimonio personal es el testimonio comunitario. Una comunidad de testigos, acogedora y abierta, capaz de acompañar hacia Cristo a los que se acercan tiene mucho más fuerza e impacto para iEvangelizar que los proyectos personales aislados.
6.     EN TODO, LA CARIDAD. La soberbia, la división y las críticas sin caridad entre cristianos provoca un escandaloso espectáculo que engendra escepticismo, y a veces hasta ateísmos. Construir Iglesia, pedir y trabajar la comunión, es una urgencia si queremos ser apóstoles de Cristo y no esclavos del Malo, que divide también en la Red.
7.     ABIERTOS, PARA TODOS. iEvangelizar exige abrirse al diálogo con una actitud humilde a todos, no sólo a aquellos que acogen la fe de buen grado. El iMisionero permanece abierto y se acerca a aquellos que desconocen o están más alejados.
8.     LO IMPORTANTE ES EL MENSAJE, NO EL MENSAJERO. Perseguir sólo el tener más seguidores, amigos, visitas… es una forma de idolatría. Debemos estar alerta para no dejarnos atrapar por la fascinación del medio y que el mensaje cae en el olvido. El iMisionero no busca tener éxito personal sino dar los frutos del Reino.
9.     POR LO VIRTUAL A LO PRESENCIAL. La iEvangelización tiene su punto de partida en el mundo digital, pero intenta traspasar sus fronteras y provocar el encuentro en el mundo presencial. La iEvangelización se verifica, se purifica y se potencia con el encuentro presencial.
10.   SIEMPRE DISCÍPULOS, SIEMPRE APRENDIENDO. El iMisionero permanece siempre busca cuál es el lenguaje adecuado para interpelar el corazón humano y anunciar a Cristo. La iEvangelización requiere formación y discernimiento continuos. Nunca debemos pensar que ya tenemos la fórmula adecuada y estable. Para esto el iMisionero necesita una vivencia responsable de la fe y una formación continuada en el ámbito de la comunicación y las nuevas tecnologías.
 
 
 


Laicos Dehonianos-Video

Video clip donde el corazón