19/6/20

Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús


Hoy celebramos la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.
Hoy es un día importante para la Congregación de los Sacerdotes del Corazón de Jesús y para toda la familia dehoniana.

Hoy ponemos en el centro a Jesucristo, que nos revela con su Persona, a través de sus actos y palabras,  que Dios es Amor.




Venid a mí 
todos los que estáis cansados y agobiados, 
y yo os aliviaré. 


Mt 11, 29



Queridos hermanos, 

amémonos unos a otros, 
ya que el amor es de Dios, 

y todo el que ama ha nacido de Dios 
y conoce a Dios. 

Quien no ama no ha conocido a Dios, 
porque Dios es amor. 



1 Jn 4,7

18/6/20

Papa Francisco: La oración de intercesión





PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles, 17 de junio de 2020


Catequesis: 7. La oración de Moisés

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En nuestro itinerario sobre el tema de la oración, nos estamos dando cuenta de que Dios nunca amó tratar con orantes “fáciles”. Y ni siquiera Moisés será un interlocutor “débil”, desde el primer día de su vocación.
Cuando Dios lo llama, Moisés es humanamente “un fracasado”. El libro del Éxodo nos lo representa en la tierra de Madián como un fugitivo. De joven había sentido piedad por su gente y había tomado partido en defensa de los oprimidos. Pero pronto descubre que, a pesar de sus buenos propósitos, de sus manos no brota justicia, si acaso, violencia. He aquí los sueños de gloria que se hacen trizas: Moisés ya no es un funcionario prometedor, destinado a una carrera rápida, sino alguien que se ha jugado las oportunidades, y ahora pastorea un rebaño que ni siquiera es suyo. Y es precisamente en el silencio del desierto de Madián donde Dios convoca a Moisés a la revelación de la zarza ardiente: «“Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”. Moisés se cubrió el rostro, porque temía ver a Dios» (Éxodo 3,6).

A Dios que habla, que le invita a ocuparse de nuevo del pueblo de Israel, Moisés opone sus temores, sus objeciones: no es digno de esa misión, no conoce el nombre de Dios, no será creído por los israelitas, tiene una lengua que tartamudea… Y así tantas objeciones. La palabra que florece más a menudo de los labios de Moisés, en cada oración que dirige a Dios, es la pregunta “¿por qué?”. ¿Por qué me has enviado? ¿Por qué quieres liberar a este pueblo? En el Pentateuco hay, de hecho, un pasaje dramático en el que Dios reprocha a Moisés su falta de confianza, falta que le impedirá la entrada en la tierra prometida. (cf. Números 20,12).

Con estos temores, con este corazón que a menudo vacila, ¿cómo puede rezar Moisés? Es más, Moisés parece un hombre como nosotros. Y también esto nos sucede a nosotros: cuando tenemos dudas, ¿pero cómo podemos rezar? No nos apetece rezar. Y es por su debilidad, más que por su fuerza, por lo que quedamos impresionados. Encargado por Dios de transmitir la Ley a su pueblo, fundador del culto divino, mediador de los misterios más altos, no por ello dejará de mantener vínculos estrechos con su pueblo, especialmente en la hora de la tentación y del pecado. Siempre ligado al pueblo. Moisés nunca perdió la memoria de su pueblo. Y esta es una grandeza de los pastores: no olvidar al pueblo, no olvidar las raíces. Es lo que dice Pablo a su amado joven obispo Timoteo: “Acuérdate de tu madre y de tu abuela, de tus raíces, de tu pueblo”. Moisés es tan amigo de Dios como para poder hablar con Él cara a cara (cf. Éxodo 33,11); y será tan amigo de los hombres como para sentir misericordia por sus pecados, por sus tentaciones, por la nostalgia repentina que los exiliados sienten por el pasado, pensando en cuando estaban en Egipto. 

Moisés no reniega de Dios, pero ni siquiera reniega de su pueblo. Es coherente con su sangre, es coherente con la voz de Dios. Moisés no es, por lo tanto, un líder autoritario y despótico; es más, el libro de los Números lo define como “un hombre muy humilde, más que hombre alguno sobre la haz de la tierra” (cf. 12, 3). A pesar de su condición de privilegiado, Moisés no deja de pertenecer a ese grupo de pobres de espíritu que viven haciendo de la confianza en Dios el consuelo de su camino. Es un hombre del pueblo.

Así, el modo más proprio de rezar de Moisés será la intercesión (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2574). Su fe en Dios se funde con el sentido de paternidad que cultiva por su pueblo. La Escritura lo suele representar con las manos tendidas hacia lo alto, hacia Dios, como para actuar como un puente con su propia persona entre el cielo y la tierra. Incluso en los momentos más difíciles, incluso el día en que el pueblo repudia a Dios y a él mismo como guía para hacerse un becerro de oro, Moisés no es capaz de dejar de lado a su pueblo. Es mi pueblo. Es tu pueblo. Es mi pueblo. No reniega ni de Dios ni del pueblo.
Y dice a Dios: «¡Ay! Este pueblo ha cometido un gran pecado al hacerse un dios de oro. Con todo, si te dignas perdonar su pecado..., y si no, bórrame del libro que has escrito» (Éxodo 32,31-32). Moisés no cambia al pueblo.

Es el puente, es el intercesor. Los dos, el pueblo y Dios y él está en el medio. No vende a su gente para hacer carrera. No es un arribista, es un intercesor: por su gente, por su carne, por su historia, por su pueblo y por Dios que lo ha llamado. Es el puente. Qué hermoso ejemplo para todos los pastores que deben ser “puente”. Por eso, se les llama pontifex, puentes.

Los pastores son puentes entre el pueblo al que pertenecen y Dios, al que pertenecen por vocación. Así es Moisés: “Perdona Señor su pecado, de otro modo, si Tú no perdonas, bórrame de tu libro que has escrito. No quiero hacer carrera con mi pueblo”. Y esta es la oración que los verdaderos creyentes cultivan en su vida espiritual. Incluso si experimentan los defectos de la gente y su lejanía de Dios, estos orantes no los condenan, no los rechazan.

La actitud de intercesión es propia de los santos, que, a imitación de Jesús, son “puentes” entre Dios y su pueblo. Moisés, en este sentido, ha sido el profeta más grande de Jesús, nuestro abogado e intercesor. (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2577). Y también hoy, Jesús es el pontifex, es el puente entre nosotros y el Padre. Y Jesús intercede por nosotros, hace ver al Padre las llagas que son el precio de nuestra salvación e intercede. Y Moisés es la figura de Jesús que hoy reza por nosotros, intercede por nosotros.

Moisés nos anima a rezar con el mismo ardor que Jesús, a interceder por el mundo, a recordar que este, a pesar de sus fragilidades, pertenece siempre a Dios. Todos pertenecen a Dios. Los peores pecadores, la gente más malvada, los dirigentes más corruptos son hijos de Dios y Jesús siente esto e intercede por todos.

Y el mundo vive y prospera gracias a la bendición del justo, a la oración de piedad, a esta oración de piedad, el santo, el justo, el intercesor, el sacerdote, el obispo, el Papa, el laico, cualquier bautizado eleva incesantemente por los hombres, en todo lugar y en todo tiempo de la historia. Pensemos en Moisés, el intercesor.
Y cuando nos entren las ganas de condenar a alguien y nos enfademos por dentro —enfadarse hace bien, pero condenar no hace bien— intercedamos por él: esto nos ayudará mucho.


28/4/20

Familia Dehoniana: Nombramiento del Gobierno Provincial de España, de los SCJ




El Superior General de la Congregación de los Sacerdotes del Corazón de Jesús, P Carlos Luis Suárez, ha nombrado el nuevo Gobierno de la Provincia española compuesto por:

Superior Provincial: P. Juan José ARNAIZ ÉCKER (1er trienio)
1° Consejero provincial: P. Francisco Javier LUENGO MESONERO
2° Consejero provincial: P. Eduardo GÓMEZ MARTÍN
3° Consejero provincial: H. Javier LÓPEZ MARTÍNEZ
4° Consejero provincial: P. Juan María LÓPEZ DE SAN ROMÁN LAÑO

El trienio dará comienzo el próximo 6 de julio de 2020.

Los laicos dehonianos  damos la bienvenida al nuevo Superior Provincial, Juan José Arnáiz Écker, así como a todo el Consejo, y les deseamos felicidad para este nuevo servicio a Jesucristo y a la Congregación, teniendo en cuenta lo que Él dice: “Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen”   Lc 11, 28
Y agradecemos el servicio durante  6 años a P José Luís Munilla Martinez, actual Superior Provincial, por todo lo que ha aportado a la Familia Dehoniana.


20/3/20

ELEGIR LA ACTITUD ANTE LA PANDEMIA GLOBAL- José Luís Guinot





Valencia 21 de marzo 2020. Semana 1 de aislamiento

Estamos viviendo una situación excepcional. La pandemia del COVID19 está entrando en nuestras vidas como un tsunami, que vemos venir, y nos estamos poniendo a salvo en la altura de nuestras casas, pero sabemos que va a arrasar con mucho de lo que nos rodea. Las tres últimas generaciones no hemos vivido una guerra global, pero esta experiencia se va asemejando cada vez más a una guerra, con un frente de batalla en los hospitales y la relación de caídos que gotea día a día.

Frente a esta enorme crisis que se avecina el shock es similar al diagnóstico de cáncer, que amenaza nuestra vida de golpe y podría acabar con ella, que rompe todos nuestros planes y produce una ruptura biográfica, un alto en el camino. Para muchos quizás por primera vez se plantea la posibilidad de morir o ver morir a un ser querido. O ver morir nuestra forma de vida, el trabajo, las ilusiones, los proyectos.

Son muchas las pérdidas. En la salud en primer lugar, ante el riesgo de contagiarse. A nivel emocional por la separación obligada, la falta de contacto, los abrazos, los besos, la distancia. La pérdida social ya se avecina, en puestos de trabajo, paro, desplome de la economía. El debate intelectual se acrecienta, buscando culpables, exigiendo responsabilidades, desconfiando de las autoridades, la pérdida de la confianza. Y por supuesto la pérdida del sentido, en esa dimensión espiritual que nos caracteriza como seres humanos y que necesita saber no sólo el por qué sino el para qué todo esto. Dónde nos va a llevar esta crisis global nunca antes afrontada, qué humanidad va a surgir de esta brutal experiencia, en qué apoyamos nuestra fe y nuestra esperanza.

Es bueno e inevitable pararse a reflexionar sobre esta realidad. Como dice Viktor Frankl, no se trata de preguntarnos qué le pido yo a la vida, sino qué nos pide la vida a cada uno de nosotros. Se nos puede privar de libertad, de salud, de medios, de tranquilidad, de proyectos, pero lo que nadie nos puede arrebatar es elegir la actitud ante la adversidad y el sufrimiento. Tenemos en nuestro interior la capacidad de decidir cómo quiero yo vivir este periodo de mi vida. Algo que nos ha dado este frenazo obligado en la actividad diaria es tiempo, de pensar y encontrarnos a nosotros mismos.

Y ante las crisis, ante la enfermedad, ante cualquier pérdida, hay varias actitudes. La primera es la de huida: mejor no pensar en ello, vamos a tomarlo como algo incluso divertido, me despreocupo, y miro hacia otro lado. A ratos es una actitud necesaria, hay que tener oasis entre tanta información, hay que reír, bromear, desprenderme de noticias difíciles de digerir. Pero no nos podemos quedar ahí todo el tiempo.

Una segunda actitud es la de amenaza, sabemos que esto va a más, el miedo se apodera y no nos deja vivir la ansiedad. Me atrapa el móvil y los mensajes, los comunicados, desconfío de cada persona que me cruzo que puede contagiarme. Perdemos la paz y no podemos dormir bien, estamos cada vez más preocupados, antes de que pasen las cosas ya imaginamos escenarios terribles y somos nosotros los que contagiamos preocupación.

La tercera actitud es la de pérdida. Ante lo que nos viene encima estamos desbordados, hemos llegado tarde y mal, ya no hay remedio. Es una postura catastrofista que nos sume en la depresión, total, qué más da lo que yo haga, si está fuera de mi alcance y la sociedad va a naufragar, para qué esforzarse. Yo voy a la mía y me olvido de lo que pueda necesitar el de al lado. Es la peor de las actitudes porque pierde la esperanza y nubla la capacidad de decidir y actuar.

Hay una actitud menos dañina que es la resignación. Nos ha tocado, veremos cómo salimos de ésta, dejemos que los demás hagan lo que puedan. No ve sólo los negros nubarrones, está dispuesto a aguantar, pero se queda parado sin hacer todo lo que sus fuerzas y sus condiciones aún le permiten. No colabora activamente.

Para actuar hace falta un acto de voluntad, una decisión firme y convencida, la actitud de lucha o de reto. Es sin duda la mejor de las actitudes ante esta crisis. Yo tengo algo que hacer, debo encontrar qué, preguntarme cada día cual es mi papel desde mi aislamiento, alzando la vista y buscando las necesidades y carencias de otros que me necesitan. Existe un sentido, toda situación en la vida, por difícil que sea, tiene un sentido afirma Viktor Frankl. Su vida en los campos de concentración demostró que no es sólo un deseo o una utopía sino una realidad al alcance de cada uno. Puede ser muy duro, para algunos lo va a ser, pero siempre, siempre hay un motivo para seguir luchando. Unidos venceremos al virus, se oye estos días. Hay que alzar esa voz y que resuene cada mañana en nuestras conciencias, en la soledad de nuestras casas.

Para algunos están llegando momentos de pérdida extrema, con familiares que son positivos y quedan confinados en habitaciones de hospital donde no se les puede volver a ver en días, y en ocasiones mueren sin compañía, en soledad. No es la cantidad de muertes que aún está previsto que ocurran. Por miles que sean, cada año mueren en España más de cuatrocientas mil personas; millones mueren en todo el mundo de hambre, guerras y enfermedades evitables en el mundo. Lo que nos afecta es vivirlo en directo, a través de los medios, y la tremenda igualdad que esta pandemia provoca, pues no hay dinero que la evite. En estos casos límite, cuando ya nada más se puede hacer, ya solo queda la última actitud, la de aceptación de lo que no se puede cambiar. Si algunos de nosotros llegamos a vivir esa experiencia en la propia familia, contagio, enfermedad, aislamiento, e incluso muerte, junto a la tristeza inevitable, es posible alcanzar la aceptación de haber hecho todo lo posible y seguir viviendo por amor a los demás que nos rodean.

Entre la huida, la amenaza, la depresión y la resignación, la vida nos invita al desafío de iniciar una nueva forma de hacer las cosas, la solidaridad frente a la individualidad, la valoración de las pequeñas cosas cotidianas frente al consumo, el amor frente al egoísmo. Nos espera un mundo diferente cuando el tsunami pase, cuando la vacuna, que llegará más pronto que tarde, consiga vencer la pandemia global. Pero todos vamos a salir tocados, nadie quedará indemne. De cada uno depende elegir su actitud día a día. Es un reto que la vida nos pone delante. Aceptémoslo, y con la confianza en los que están luchando en primera fila por vencerlo, y a quienes hemos de mostrar claramente nuestra gratitud, dejemos abierta la puerta de la esperanza de ver un mundo mejor que el que habíamos construido hasta ahora.
                                              
José Luis Guinot Rodríguez
Médico Oncólogo
Presidente de la Asociación Viktor E Frankl de Valencia




Laicos Dehonianos-Video

Video clip donde el corazón