Adviento

13/11/11

Experiencia en Ecuador‏ de Eugenio, voluntario dehoniano.



"Como el calor que acoge"

Os voy a confesar algo. Algo que no entendía y que formaba parte del cosquilleo previo a venir a Ecuador. Siempre que leía o escuchaba las experiencias de alguien que venía de misiones me llamaba la atención  el sentimiento de gratitud que mostraban hacia las personas que les habían recibido. Por encima de cualquier cosa, los ojos se les iluminaban cuando hablaban de que más allá de lo que ellos pudieran dar, se quedaban con todo lo aprendido y recibido de las personas donde habían estado misionando. Me costaba entender que lo que hubieran podido recibir cambiara sus vidas y su mirada. Bien, ahora les comprendo. Me veo en el espejo y también veo esa mirada. El sentirse agradecido de verdad solo sale del corazón, así que solo se puede llenar con aquello que llega al corazón. No con conocimientos, no con regalos…solo con lo que eres.

Durante este mes y medio hemos conocido situaciones, lugares, palabras…pero solo las personas, en sí mismas, llegan al corazón. Hay una canción de un grupo español que dice pocas personas demasiada gente, y aquí sucede lo contrario. Nos han dejado que les conozcamos. Desde el primer momento nos han recibido como alguien de la familia. Un privilegio que no puedo dejar de agradecer a Dios. Tener la confianza para contarnos su vida, su intimidad, sus problemas, sus vivencias, y por encima de todo donde y como ven a Dios en todo eso, es algo que no tiene precio.
Ante esto, la palabra que más ha resonado en mi interior este mes y medio ha sido acoger. Acoger lo mucho que se nos da, acoger su amor y su entrega a nosotros (en varios momentos, los papeles se tornan y ellos se vuelven misioneros para nosotros, misioneros que nos acercan a Dios.) Acoger los problemas y la vida que tienen.
Cuesta ver injusticias, situaciones límites de necesidad, cuesta encajarlas y aceptarlas. Te sientes débil, muy débil…pero ahí resuena, una vez más, ese canto…”en mi debilidad, te haces fuerte en mí”. Acudes a lo único que te da fuerzas, y solo en su vida, en la oración, en la palabra, coges fuerzas, (o te las da) para acoger. Acoger. Es algo más que recibir, es más que aceptar una realidad difícil. Es tomar a esas personas como ellas te están acogiendo a ti. Con el corazón.
Hoy entiendo ese sentimiento de agradecimiento, de sentirse desbordado. Pero a diferencia de otros momentos de euforia, esto es una paz sosegada, calmada, que sale de dentro. De esa acogida. Esto es vivir, ser feliz.
Siempre he escuchado decir qué  aquí es más fácil ver a Dios…No os engaño, a mi me cuesta ver a Dios en las dificultades. Me es más cómodo verle en la sonrisa de un niño que en la mirada cansada, apagada y triste de un anciano que vive en soledad (aunque su hijo esté en la casa de enfrente.) Ver a Dios no es más fácil… pero sí lo es sentirlo. Sentir que te aproximas más a Dios. En lo humilde, en lo pobre, en las injusticias…por unos caminos sin asfalto, un paisaje de edificaciones a medio construir o construidas en laderas imposibles con lo poco que tienen…te sientes más cercano al Reino, al verdadero Reino.
Cada día tengo más claro que el Reino de Dios somos nosotros mismos. Y que llegue el Reino de Dios, depende de nosotros, de acoger en nuestro interior a todas las personas, como me han acogido aquí. Desde ahí es la única forma que tengo para que me de tanta vida la sonrisa del niño como la mirada de soledad del abuelo. Dios sale al encuentro de todas las realidades, en Madrid o en Quito, y de todas las personas. Solo hay que acogerlo.
                                                                                     Eugenio


¡Muchas gracias, Eugenio!
por compartir tu enriquecedora experiencia con nosotros.

1 comentario:

  1. ¡ Eugenio ! Ese muchachote, que un día conocí, por que era amigo de mi hijo, ese chaval me llegó muy dentro.
    Resulta que es un chico , que un día decició sin miedo lazarse a la aventura de conocer a Dios en otros mundos, como tantos otros.
    Hace unos días escribió en este medio sus maravillasas vicisitudes pasadas en Ecuador.
    A mi me ha dado una lección de amor y humildad que no olvidaré nunca, al igual que la dada por mi hijo en el mismo sentido, pero que este no redactó.
    Con vuestras lecciones hijos nos animais a seguir en nuestras creencias y saber que Dios está con todos y no nos avandona en ningún momento.
    GRACIAS POR TU INMENSO ESCRITO Y SIGUE DÁNDONOS HERMOSAS LECCIONES
    GRACIAS EU.

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Video clip donde el corazón