Cáritas. 29 de abril de 2013.- Después de tres días de profundo
trabajo de reflexión, en el que han dado cita más de 200 participantes
procedentes de 36 Cáritas Diocesanas de todo el país, ayer culminaron
en Salamanca, con una solemne eucaristía celebrada en la Casa de la
Iglesia, las XVI Jornadas de Teología de la Caridad, organizadas por
Cáritas Española bajo la coordinación de su delegado episcopal, Vicente
Altaba.
“Decir amar para decir evangelizar”
Correspondió a monseñor Santiago Agrelo, arzobispo de
Tánger, poner el broche final al encuentro con la ponencia “Decir Amar
para decir Evangelizar”, que comenzó con un análisis del contexto de la
Iglesia de Tánger, donde, aunque reducida en cuanto a tamaño y al
número de personas que la conforman, la vida está por encima de
cualquier discurso.
En segundo lugar, el prelado señaló cómo sólo el amor dice bien de
Dios, es decir, el amor como camino de evangelización y cómo, para
Dios, revelarse, significa darse. “Sólo el amor dice bien de la verdad,
pero sólo la verdad puede decir bien del amor. Para ello, debemos amar
como Dios nos ama. La fe, más que una doctrina, es una realidad,
debemos aplicar el Evangelio a la práctica de la caridad”, explicó
monseñor Agrelo ante una audiencia a la que definió como una “asamblea
de expertos en amor”.
En tercer lugar, el arzobispo de Tánger se refirió a la Eucaristía
como “icono del diálogo de Dios con el hombre, donde a través de ésta
nos encontramos con Cristo y nos ponemos en comunión con él”.
Finalmente, reflexionó sobre la presencia de Cristo entre los
pobres a través de los sacramentos. “Es el Espíritu de Dios el que nos
lleva a amar a los más pobres; es el corazón de la Iglesia en el
mundo”, aseguró el arzobispo de Tánger, quien culminó su intervención
con una llamada “a ser memoria viva de la bondad de Dios con una triple
tarea: anunciar la palabra de Dios, celebrar los sacramentos y estar al
servicio de la Caridad” (Deus Caritas Est).
Ponencia de Santiago Guijarro
Tras la intervención en las Jornadas, el pasado viernes, de
monseñor Raúl Berzosa, obispo de Ciudad Rodrigo, la segunda ponencia,
en la mañana del sábado 27 de abril, fue presentada en el Auditorio
Calatrava de Salamanca por Santiago Guijarro, profesor de Teología
en la Universidad Pontificia de Salamanca.
Tras hacer un repaso de la actividad caritativa de las primeras
comunidades cristianas, donde la diakonía ya era un
pilar fundamental, Guijarro orientó su intervención en averiguar si
esta actividad era ya tan importante en las comunidades de la primera
generación y qué papel desempeñó dicha actividad en la primera
evangelización.
Su ponencia se estructuró en cuatro puntos principales:
1. El relato normativo de la primera evangelización, en el que la
conversión es el resultado de la acogida del mensaje.
2. La pobreza y la ayuda social en el mundo antiguo. La acción
caritativa de las primeras comunidades cristianas debe situarse en un
escenario en el que la pobreza tenía un rostro y unas circunstancias
concretas. En el mundo romano, exceptuando un pequeño grupo de “ricos”,
la mayoría de la población vivía en los límites de la subsistencia y no
pocos habían traspasado estos límites. A pesar de ello, las diversas
formas de ayuda social no iban dirigidas preferentemente a los pobres,
sino que tenían por objeto ensalzar el honor del donante. Sólo en las
comunidades judías se habían desarrollado formas de caridad que tenían
en cuenta al pobre. Estas acciones estaban inspiradas por una visión de
Dios que se interesa por los desvalidos.
3. El ejercicio de la caridad en las primeras comunidades. La ayuda
a los pobres y desvalidos se convirtió en una seña de identidad del
cristianismo. Esta seña de identidad, que se hizo más visible a medida
que pasaba el tiempo, puede rastrearse hasta los mismos comienzos, pues
se inspira en Jesús.
4. La práctica de la caridad y la misión evangelizadora. La misión
evangelizadora tenía como meta la conversión, entendida como adhesión
al mensaje y al estilo de vida de las comunidades cristianas. La
práctica de la caridad pudo haber tenido un especial impacto en las dos
primeras, pues, como han mostrado los estudios sobre la conversión, en
las fases iniciales del proceso son determinantes las relaciones
personales, la acogida, etc.
Santiago Guijarro concluyó su ponencia resaltando dos datos
importantes: La novedad que supuso la acción caritativa de las
comunidades cristianas en un mundo que carecía de sensibilidad y
estructuras para la atención de los pobres, y, segundo, el impacto de
este estilo de vida en la difusión del cristianismo.
Mesa de comunicaciones
Tras la segunda ponencia de las Jornadas, el sábado por la mañana
se celebró la mesa de comunicaciones, en la que participaron Jorge
Díez, voluntario de Cáritas Diocesana de Salamanca; Llorenç
Fernández, sacerdote de Mallorca; y Maite Quintana,
secretaria general de Cáritas Pamplona.
Jorge, desde su experiencia como voluntario con enfermos de VIH-Sida,
además de destacar el enriquecimiento personal por la experiencia de
vida que ofrecen las personas con las que trabaja, denunció la
discriminación que sufren algunos enfermos a todos los niveles y
explicó, como creyente, su posición de voluntario que enriquece su
experiencia de fe.
Maite, por su parte, profundizó en su experiencia personal y
planteó la necesidad de unir los discursos de fe con la práctica real
de la caridad. Instó, en este sentido, a que los discursos oficiales de
Cáritas tengan un mayor sentido de autenticidad evangélica.
Finalmente, desde su experiencia en un barrio marginal de Palma de
Mallorca, Llorenç apeló a un mayor acercamiento de la Iglesia a los que
sufren en la calle, para lo cual sugirió salir más de la parroquia para
encontrarse y acercarse a los más débil.
Intervención de Armando Cester
Armando Cester, profesor del Instituto Diocesano de
Estudios Teológicos para seglares de Zaragoza, desarrolló, en la tarde
del sábado, la tercera ponencia de las Jornadas, en la que abordó una
reflexión sobre la credibilidad de la Iglesia a diferentes niveles.
El ponente subrayó la necesidad de reforzar la credibilidad de la
Iglesia para que pueda ejercer efectivamente su condición de sujeto de
la evangelización que el mundo necesita. “Reforzar la credibilidad de
la Iglesia –indicó-- comporta para los cristianos no solo afirmar que
nuestra Iglesia es la de Jesús, sino que debemos legitimar y hacer
visible esta afirmación para que la credibilidad eclesial crezca. Para
que la Iglesia sea creíble debe producir signos de salvación que
anuncien y realicen el Reino de Dios”.
Para Cester, la credibilidad eclesial depende en buena medida del
esfuerzo serio para construir la fraternidad y ayudar a los
necesitados, siendo fiel a lo específico de la actividad
caritativa-social de la Iglesia. Es decir, para que la Iglesia sea
signo de credibilidad debe ser una comunidad cristiana fraterna que
comparte en todos los niveles de las relaciones humanas, que vive en
comunicación de bienes espirituales y materiales como en las primeras
comunidades cristianas. La acción caritativa-social eclesial, significa
y hace creíble el amor de la Iglesia por los desfavorecidos.
En conclusión, la acción social y caritativa de la Iglesia, en
opinión de Armando Cester, debe entrañar una opción llena de amor por
los excluidos y marginados por parte de la comunidad cristiana en
cuanto tal y en su totalidad. Es importante, por ello, reflexionar
sobre el “modo” en cómo debemos realizar el ejercicio de la caridad y
valorar como algo fundamental que la credibilidad del testimonio
necesita de la comunión y confesión eclesial.
Mesa de testimonios
La sesión vespertina del sábado 28 de abril se completó con una
Mesa de testimonios, en la que participaron Jorge Dompablo,
sacerdote de la diócesis de Madrid; Ana Isabel González,
misionera mercedaria de Bérriz; y Sergio Barciela, técnico
de los servicios generales de Cáritas Española.
Mientras que Jorge --sacerdote en los barrios de Carabanchel y San
Blas, donde ha aprendido día a día a rezar con el sufrimiento de las
familias— incidió, desde la narración de su experiencia en la
parroquia, en la necesidad de hacer creíble la caridad en las
parroquias y dar testimonio explícito de Jesucristo, Ana Isabel expuso
su testimonio desde la visión del mismo Evangelio que interpela la
propia vida, desde un Evangelio como desafío, desde un Evangelio desde
la pobreza, desde el compartir la cruz del otro y desde un Evangelio de
esperanza.
Sergio, por su parte, realizó un recorrido de su vida, explicada
como su historia de salvación y recordando a todas las personas sobre
las que ha edificado su trayectoria, desde la vida de la fe en el seno
de su familia y el vivir el Evangelio cada día, hasta sus experiencias
de voluntariado en Guatemala, explicando cómo todas las cosas pierden
el sentido si no son vividas con pasión, “si no te arde el corazón”. Lo
mismo ocurre con la fe, la fe que se transmite con la esperanza.
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